La Cancillerķa
Discursos de Cancilleres
Discurso del Sr. Canciller Jorge Enrique Taiana
Discurso de apertura en ocasión de la Reunión de Cancilleres de los países de América del Sur y de los países árabes (ASPA)
Palacio San Martín
20 FEB 2008
Indice de discursos

Señores Ministros de Relaciones Exteriores,
Funcionarios de las Delegaciones de los Países Sudamericanos y de los Países Árabes:

Es un honor para mí recibirlos en la República Argentina en ocasión de una reunión que tiene como fundamental objetivo fortalecer las relaciones birregionales entre América del Sur y los Países Árabes.

Deseo expresar un saludo muy especial de bienvenida al señor Secretario General de la Liga de los Estados Árabes, Dr. Amr Moussa, quien copresidirá estas deliberaciones, así como a todos ustedes que han tenido la gentileza de venir a participar de esta reunión.

La agenda de este encuentro retoma las conversaciones que en 2005, en la ciudad de Brasilia, se iniciaron gracias al entusiasmo y el tesón del querido Presidente Lula, y que fueron sucedidas casi sin interrupción por diversas reuniones, tanto a nivel ministerial como de altos funcionarios y técnicos.

Quiero decirles que para nosotros, los argentinos, estos encuentros que tanto valoramos con países de otras latitudes, historias y culturas son también expresión del proceso de fortalecimiento de nuestra propia región, en el que todos los presidentes de América del Sur están comprometidos.

Si bien la idea de la integración de nuestros pueblos es tan antigua como la de nuestras luchas por la independencia, recién a partir de la estabilidad democrática y la vigencia de los derechos humanos pudimos encarar un proyecto integrador que, a pesar de las dificultades lógicas, evoluciona ininterrumpidamente.

Esto nos permite sostener que el camino del desarrollo con inclusión y no del mero crecimiento económico, está íntimamente ligado a la vigencia de la democracia, el respeto por las libertades y la integración regional.

La integración regional también ha sido artífice del desmantelamiento de hipótesis de conflicto que separaban a nuestras naciones.

Así es que América del Sur posee el raro privilegio de constituir una zona de paz, en un mundo en el que todavía existen grandes territorios en los que no cesa la violencia, el autoritarismo y el desprecio por la vida humana.

Nuestros países coinciden, a su vez, en la importancia que tiene para la construcción de la paz en el mundo, el fortalecimiento de un multilateralismo que impida posiciones unilaterales fundadas en la fuerza y promueva la solución pacífica de los conflictos basándose en el derecho internacional y el respeto por los derechos humanos.

Nuestra convicción por los valores que la integración regional nos ayuda a consolidar, nos ha llevado a los gobiernos de América del Sur a construir un acercamiento que abarca a todo el subcontinente, y que toma como bases al MERCOSUR y a la Comunidad Andina de Naciones, así como a las experiencias que países como Chile, Guyana y Surinam han tenido a lo largo de su historia reciente.

La potencia cultural latinoamericana encuentra así una forma de organización que permite a un enorme conjunto de nuestros países hacer énfasis en ejes estratégicos como los de la energía, la infraestructura y el financiamiento, para posicionarnos mejor frente a las amenazas del mundo globalizado y poder interactuar equilibradamente con los otros grandes bloques o países, defendiendo nuestros intereses que son los que hacen al bienestar de nuestros pueblos.

Desde esta plataforma, que llamamos UNASUR, es que abonamos y profundizamos el diálogo con los Países Árabes. Este encuentro se inscribe en el deseo de dinamizar los lazos políticos, culturales, comerciales y tecnológicos, diversificando los canales de comunicación y de cooperación entre nuestras regiones.

Si algo ha probado el tiempo transcurrido desde Brasilia, es que aquella reafirmación del respeto por el derecho internacional, la observancia de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario; el desarme y la no proliferación de armas nucleares y de otras armas de destrucción masiva, y la búsqueda del desarrollo sostenible con justicia social son objetivos cada vez más válidos y acuciantes.

Nuestro primer y más sagrado compromiso debe ser siempre con el logro y el mantenimiento de la paz. No es posible abordar esta cuestión sin mencionar la necesidad de que se den pasos significativos hacia la solución del conflicto palestino – israelí. Últimamente este drama que ha azotado por tanto tiempo esta región ha adquirido ribetes de profundo dramatismo en Gaza.

No ignoramos la enorme complejidad de los problemas a resolver y la necesidad de que Israel y Palestina reencuentren un cauce común en el marco de los principios reconocidos a nivel del Consejo de Seguridad, de la Asamblea General de las Naciones Unidas, y de otros documentos liminares como el Acuerdo Marco de Madrid y la Iniciativa de paz árabe.

No somos ingenuos al abordar este tema, sino sinceros al sostener el objetivo de que existan dos Estados para dos pueblos, conviviendo en paz y con seguridad.

Entendemos también que la resolución de ese conflicto influiría benéficamente en el encauzamiento de otras crisis de la región.

Sepan ustedes que en América del Sur cuentan con una comunidad de países amigos dispuestos a cooperar para alcanzar esa paz tan ardientemente anhelada.

Nuestra región ha venido creciendo a tasas sostenidas en los últimos años y de manera concordante con esto el volumen del comercio y de las inversiones también han ido aumentando.

La importancia relativa del comercio y las inversiones entre nuestras dos regiones ha crecido, sin dudas, en estos años, registrándose un impulso hacia adelante de las economías árabes y de América del sur. Sin embargo, no se ha alcanzado el potencial que puede desarrollarse.

Tenemos asignaturas pendientes en materia de barreras comerciales para fomentar e incrementar una mayor integración económica y comercial. Esto lo hemos destacado en las reuniones ministeriales de Quito y de Rabat y entiendo que es una cuestión que merece toda nuestra atención.

Del mismo modo no debemos olvidar que en la cumbre de Brasilia nos comprometimos a coordinar y trabajar juntos en los foros multilaterales con miras a cumplir con las metas establecidas en la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas y también en el refuerzo del sistema de comercio multilateral sobre bases justas. Nuestros países deben unir sus esfuerzos para intensificar las negociaciones tendientes a la conclusión de la Ronda de Doha. Pero debe ser un resultado que respete el mandato de ser la ronda del desarrollo. Sin mayores concesiones de los países desarrollados en agricultura y sin resguardo a las posibilidades de desarrollo industrial de los países en desarrollo, no podrá alcanzarse un acuerdo equilibrado.

El diálogo birregional en materia de energía aparece también como una prioridad evidente. En América del Sur es, sin duda, una cuestión de la más alta prioridad a la que estamos dedicando un esfuerzo particular. Los Países Árabes son actores centrales en la ecuación energética internacional, y nuestra asociación y cooperación carecería de un elemento clave si no pudiésemos aprovechar las opciones de cooperación que existen para el beneficio mutuo.

Entre América del Sur y el mundo árabe existen lazos profundos y una historia que se proyecta varios siglos atrás.

Tan sólo en mi país más de tres millones de personas reconocen orígenes árabes; estadísticas similares pueden enunciarse con relación a la mayoría de los países de América del Sur. Existe allí un basamento íntimo y significativo en el que hemos registrado, sin dudas, algunos avances a partir de la Reunión Ministerial de Argel, y luego en Santa Cruz de la Sierra en torno a un proyecto simbólico como el de la Biblioteca América del Sur–Países Árabes, o el de la creación de un Instituto de investigación sobre América del Sur en Marruecos.

En este espíritu nuestros países se han comprometido y caminan de la mano en la construcción de un mundo de diálogo, de inclusión, y de aceptación generosa del otro. La iniciativa conocida como “Alianza de Civilizaciones” es una formidable oportunidad de acercar aún más a occidente y el mundo árabe.

Desde Argentina hemos escuchado este llamado de las Naciones Unidas y hemos comprometido nuestro aporte: en pocas semanas se realizará en Buenos Aires un seminario regional en el que analizaremos la problemática del diálogo intercultural desde la particular perspectiva del género.

Señoras y señores:

Afortunadamente, aunque existan dificultades, hemos podido acercarnos a países y regiones que más allá de las distancias están muy cerca de nuestra historia y de nuestro corazón.

Por cierto, en lo que hace estrictamente a mi país, quisiera agradecer particularmente al Secretario General de la Liga Árabe, aquí presente, la designación de su representante en la Argentina. Ese nombramiento contribuirá a dinamizar el vínculo entre nuestro país y el mundo árabe.

Esta reunión que doy por inaugurada, refleja la reivindicación de la diversidad, de los intercambios fecundos, de la apertura hacia el otro, convirtiéndose en una manifestación de la vitalidad y creatividad de nuestros pueblos.

Es ése, creo yo, uno de los significados esenciales de ASPA, cuya evaluación global y seguimiento, señores Cancilleres, queda ahora a su cargo.