Señor Presidente,
Después de tantos esfuerzos, a lo largo de estos siete años de negociaciones, nuestra delegación lamenta profundamente que no hayamos podido llegar a la aprobación de las modalidades de Agricultura y Bienes no Agrícolas, conforme a una estructura y contenidos basados en el Mandato Negociador, en los acuerdos ministeriales, en particular los de Hong Kong, y en los principios que dieron lugar a que a la Ronda Doha se la denominara Ronda del Desarrollo.
Indudablemente debemos preguntarnos porque no hemos sido capaces de arribar a un resultado positivo en estas circunstancias. A nuestro juicio hay problemas de sustancia y de proceso.
Sobre este último particular, no cabe duda que faltó una discusión profunda, de carácter horizontal de abajo hacia arriba, o bottom up aproach, como se denomina en inglés. Este proceso debió involucrar a los altos oficiales desde los primeros meses de este año, a fin de reducir divergencias y dejar, en la medida de lo posible, sólo algunos temas principales y controvertidos para decisión de los ministros, con indicación de opciones que facilitaran el acuerdo. Dentro de ese proceso, que requería una amplia participación, debió asegurarse la integración a las consultas y discusiones informales de aquellos miembros con las mayores sensibilidades en algunos temas, de forma de ayudar a su comprensión por parte de los demás y tender puentes para acortar las diferencias. Como sabemos, en las consultas de esa naturaleza, particularmente en NAMA, se optó por el camino inverso, con lo que se perjudicó seriamente la transparencia. Ello condujo a que se obrara en base a suposiciones y no a certezas de los problemas que se debían enfrentar.
En cuanto a la sustancia hay una diferencia de grado en la presentación de los problemas. En Agricultura se trabajó, hasta antes de esta reunión, sobre la base de una amplia participación, construyéndose los textos a medida que se identificaban claramente las posiciones y se verificaban grados de convergencia, hecho que permitió la identificación de opciones o rangos para la decisión. Aún así, es evidente que se requería una mayor maduración en temas centrales de importancia que debieron ser objeto de una profunda discusión por los altos oficiales en el proceso horizontal. Estos son el nivel final del Sostén Distorsivo Total (OTDS), los límites por producto en caja ámbar y azul, la reducción sustancial de las subvenciones al algodón, la mejora de las disciplinas de Caja Verde, de manera de evitar el incremento permanente del sostén total, la determinación precisa del nivel de expansión de las cuotas arancelarias en compensación por la designación de productos sensibles, la aplicación de un techo arancelario, la simplificación arancelaria, la eliminación de la salvaguardia especial, la liberalización del comercio de productos tropicales y la introducción de disciplinas en productos especiales y salvaguardia especial para los países en desarrollo, destinadas a preservar los medios de vida de los campesinos pobres y el desarrollo agrícola sin que ello afecte la continuidad y crecimiento de los flujos comerciales. Es de señalar que, sobre este último particular, no se visualizó la importancia del vínculo que tienen esas disciplinas con la reducción sustantiva de las distorsiones y la protección de los países de mayor peso comercial.
Podemos decir que, en este tema, que fue uno de los que motivó la falta de éxito de esta reunión, se insistió erróneamente en acentuar la presión sobre los países en desarrollo interesados, en lugar de negociar primero una significativa reducción de las subvenciones domésticas y de la salvaguardia especial de los países desarrollados. Si la negociación hubiese comenzado por estas últimas cuestiones se habría dado mayor seguridad a los países en desarrollo de que sus mercados no serían invadidos en el futuro por productos subvencionados, afectando negativamente las condiciones de vida de su población campesina. No cabe duda que esa era la manera correcta de visualizar el camino hacia el acuerdo.
Me parece importante reflexionar sobre esta cuestión, ya que tiene mucho que ver con la orientación de la negociación, que se ha ido apartando gradualmente de las premisas originales. A pesar de que el mandato de Doha sitúa en un primer plano el Tratamiento Especial y más Favorable para Países en Desarrollo, que comprende el principio de reciprocidad menos que plena en las reducciones arancelarias, la centralidad de la agricultura y el otorgamiento de flexibilidades, ya sea mediante excepciones o menores cortes arancelarios para cierto tipo de productos, ese tratamiento apareció seriamente cuestionado.
La falta de sujeción o contradicción con el tratamiento especial para países en desarrollo es claramente evidente en el texto de NAMA. En acceso a los mercados los coeficientes y flexibilidades de fórmula suiza propuestos llevan a un mayor porcentaje de corte arancelario para los países en desarrollo que para los países desarrollados, lo que significa invertir la reciprocidad menos que plena. La propuesta del Presidente no es la resultante de un intenso proceso de discusión y una síntesis de las distintas posiciones con sugerencias de convergencia sino directamente la instalación de un resultado sobre la base de tómelo o déjelo. Las flexibilidades aparecen, por otro lado, vinculadas a obligaciones de corte exageradas para países en desarrollo, limitadas en su alcance por la anticoncentración y vinculadas a la participación en acuerdos sectoriales de eliminación de aranceles. El nivel de compromiso que se propone para los países en desarrollo supera al compromiso de los países desarrollados en agricultura, violando las disposiciones del párrafo 24 de la Declaración Ministerial de Hong Kong, de un nivel comparablemente elevado de ambición en acceso a los mercados en Agricultura y NAMA.
En función de las razones comentadas, está claro que hay que introducir modificaciones a los textos para aprobar las modalidades. En particular, el de acceso a los mercados de productos no agrícolas (NAMA), requiere de cambios estructurales para que pueda servir de base de negociación. Sólo una vez que se haya asegurado que cumple con los principios medulares de la Ronda, que se han comentado, y se hayan incorporado todas las posiciones negociadoras para la discusión, será posible progresar en la negociación NAMA.
Señor Presidente:
La Argentina seguirá trabajando arduamente como lo ha hecho hasta ahora, incluyendo la participación activa en las reuniones formales e informales y mediante la presentación de propuestas, individualmente o en conjunto con otros países y grupos de negociación. Estamos comprometidos con el sistema multilateral de comercio, porque creemos que sus reglas y disciplinas permiten brindar previsibilidad a las relaciones entre las naciones y estimular el proceso de inversión, particularmente en los países en desarrollo. La ausencia de esas normas se traduciría en el reino del más fuerte y en la agudización de conflictos.
Instamos a todos los miembros a superar esta instancia, volviendo a las fuentes de las que no debimos apartarnos. Tenemos la obligación de aportar liderazgo y voluntad sobre bases realistas que reconozcan los límites políticos que cada uno tenemos. Estamos seguros que con ese cambio de actitud y las correcciones y mejoras a las propuestas de modalidades que hemos sugerido, podremos avanzar con determinación hacia la fase final de la Ronda y cumplir con el objetivo de promover el desarrollo que nos hemos fijado en Doha.
Muchas gracias.