La Cancillerķa
Discursos de Cancilleres
Discurso del Sr. Canciller Jorge Enrique Taiana
Seminario Diálogo Social para el Trabajo Decente en la Argentina
Buenos Aires
21 ABR 2009
Indice de discursos

Señoras y Señores:

Les doy la bienvenida a este seminario, deseando que las ideas y propuestas que en él se discutan sirvan para mejorar la calidad de vida de los trabajadores y promover una mayor justicia social en la Argentina.

Si bien la promoción del diálogo social para el trabajo decente constituye un atributo principal de todo sistema democrático moderno, y por tanto reclama debate y actualización permanente, la actual crisis económica internacional motiva a nuestro gobierno, al sector productivo  y a la sociedad en general, a redoblar su atención sobre este aspecto.

Como ustedes saben, en el año 2005 propusimos como lema de la IV Cumbre de las Américas el objetivo de “crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática”. Hacíamos referencia explícita al concepto de trabajo decente acuñado por la OIT y a su relación directa con el tipo de economía y el tipo de política vigente en el hemisferio. Es decir, que si el trabajo no posee los atributos que involucra el concepto de la OIT, seguramente estaremos ante un sistema económico inequitativo y ante una democracia más declamativa que real.

Por entonces, nuestro gobierno denunciaba en todos los foros internacionales –y lo hizo en la IV Cumbre- lo que hoy es una verdad incontrastable y que algunos descubren con un mal disimulado asombro: el fracaso del Consenso de Washington, el anacronismo del sistema internacional producto de la II Guerra Mundial, el peso desorbitado de la especulación financiera en la economía global y la falsa sabiduría implícita de los mercados.

Desgraciadamente nuestro país sufrió antes que muchos los efectos devastadores de estos aspectos sobre el empleo y sobre el tejido social más profundo, y eso fue producto de la configuración de un Estado ausente y sordo ante los reclamos de los sectores productivos. En tales circunstancias, el diálogo social se transformó en una entelequia, un espacio de actores desencontrados y debilitados.

Por cierto, esta situación fue revertida quizás por un sentimiento muy arraigado en nuestro pueblo, aquel que permitió el ascenso social en el siglo pasado y que hoy rememora la OIT en sus noventa años: el de la justicia social.

La transformación producida en estos últimos años nos permite pararnos ante la crisis internacional con una mayor fortaleza, pero sería suicida permanecer pasivos ante ella. Por eso nuestro gobierno se encuentra profundizando muchos de los ejes de su política sociolaboral y generando, además, nuevas y creativas propuestas para proteger la producción y el empleo de los argentinos.

En lo que refiere a esta Cancillería, persistimos en nuestra prédica por la modernización del sistema multilateral, particularmente por una reformulación de la arquitectura del sistema financiero internacional para que contemple los objetivos de una mayor democratización de la conducción de los organismos multilaterales de crédito y –en el caso del FMI- la desaparición de los condicionamientos a los que se ha sometido a los países en desarrollo y que tanto daño han generado en sus economías.

Esta cuestión está directamente relacionada con la necesidad de contar con créditos que promuevan el desarrollo a partir del fomento de obras de infraestructura que impactan directamente sobre el nivel de actividad, el empleo, la sanidad, el transporte y la capacidad exportadora de nuestros países.

Otro de los ejes fundamentales de nuestra gestión, es el relativo al comercio internacional. La Argentina ha reiterado recientemente en la reunión del G-20 su posición acerca de la necesidad de replantear la forma de relación entre los Estados que interactúan en este mundo globalizado, ya sea con una mayor cooperación entre los países del hemisferio Sur, como con una mayor equidad entre los países desarrollados y los emergentes.

En ese mismo foro, como lo viene haciendo nuestro país en el marco de la OMC, hemos denunciado que el sistema de comercio internacional vigente ostenta graves falencias que lo hacen poco transparente e inequitativo y, por tanto, sostenedor de un estatus quo que condena a nuestros países al subdesarrollo. Es perentorio que los países más ricos reconozcan esta situación y deroguen las barreras que obstaculizan el comercio y la industrialización de los países más pobres.
 
Aprovechamos cada foro multilateral –como lo acabamos de hacer en la V Cumbre de las Américas realizada en trinidad y Tobago- para seguir bregando por estas y otras cuestiones que involucran a un conjunto complejo de actores e intereses. Por supuesto, muy especialmente lo hacemos desde siempre en el MERCOSUR, y ahora también desde la UNASUR.

En cada ámbito nuestra Cancillería ha denunciado la falta de transparencia e inadecuada regulación del sector financiero, al tiempo que exige la movilización del mercado de capitales a favor del crecimiento sustentable, para impedir la continuidad del mecanismo de transferencia de recursos desde los países en desarrollo hacia los países centrales.

Además, tal como se resolvió en el G20, otro objetivo coherente con las medidas anteriores es terminar con los paraísos fiscales para regular y disciplinar el sistema financiero internacional.

Como ustedes advierten, todos estos principios involucran la protección y la creación de empleo. Hoy podemos decir con certeza que si bien los países menos desarrollados históricamente hemos sido más sensibles a las crisis, en esta coyuntura son los propios generadores de estas políticas distorsivas quienes están sufriendo un mayor impacto negativo en sus sistemas productivos y financieros.

Se trata entonces de acordar entre todos - países más y menos desarrollados- políticas macroeconómicas para la recuperación global, mediante medidas fiscales y monetarias orientadas a fortalecer la demanda mundial.

Si bien somos optimistas respecto de que se llegue a consensos sobre este rumbo, como he dicho hace un momento, nuestro país genera sus propias políticas de protección y promoción de su sector productivo. Muestra de ello ha sido la reciente convocatoria de la Presidenta a todos los embajadores argentinos en el exterior para reforzar la promoción de nuestras exportaciones a partir de iniciativas más agresivas y creativas.

Les agradezco entonces su presencia aquí y les auguro un fructífero intercambio, en la certeza de que el diálogo que aquí se desarrolle tendrá como marco la institucionalidad democrática, el desarrollo productivo y la justicia social.
Muchas gracias.