Señor Presidente,
Señores Jefes y Jefas de Delegación,
Señor Secretario General,
Señor Secretario General Adjunto:
Hemos terminado con un anacronismo, hemos terminado con una injusticia y hemos terminado con una discriminación. Y todo eso provenía del pasado, provenía de los tiempos superados de la guerra fría, y haber podido dejado atrás esa página es algo que debería producirnos satisfacción.
También quiero señalar que, cuando en 1962 se tomó la decisión de excluir a Cuba del sistema interamericano, la República Argentina no apoyó esa decisión. Tempranamente, en 1973, cuando retornó un Gobierno democrático (a nuestro país), pedimos en la OEA -en Perú- que se revea la exclusión de Cuba del sistema. No fuimos escuchados en aquella época pero, obviamente, esa posición se mantuvo en la Argentina en sus Gobiernos democráticos, la realidad cambió, y esto se hizo evidente. Se hizo evidente, primero, en el encuentro Latinoamericano y caribeño de fin del año pasado, con la incorporación de Cuba al Grupo de Río. Había un renovado espíritu multilateral, y había una decisión de encuentro y de acercamiento con el Gobierno y el pueblo de Cuba.
Ese mismo espíritu se vio, obviamente, en la cumbre hemisférica de Trinidad y Tobago. Allí, nuestra Presidenta Cristina Fernández de Kirchner expresó con claridad, en el discurso de inauguración, que la separación de Cuba era un anacronismo y que había que superarlo.
Muchos creían entonces que poco se podía hacer más que esa declamación en Trinidad y Tobago, y que no había tiempos para poder avanzar en lo que restaba en relación a esta Asamblea. Sin embargo, algunos creíamos que sí, que había tiempo para trabajar y para avanzar, y que el momento político y el nuevo espíritu creado en Trinidad y Tobago nos iban a permitir avanzar. Y así se hicieron las primeras reuniones en la Organización, y se fueron conversando sobre las primeras iniciativas, las primeras posibilidades de pensar un Proyecto de Resolución.
Nosotros tuvimos un rol activo en ese proceso y lo hicimos bajo dos premisas: la primera, que efectivamente debíamos dejar atrás la exclusión de Cuba del sistema; y la segunda, que debíamos hacerlo a través de un camino que incluyera a todos en el debate y en el consenso. Es decir, estos fueron los dos ejes con que mantuvimos un sinnúmero de reuniones con los países, con aquellos que tenían distintas posiciones, buscando, en un esfuerzo, acercar posiciones en pos de ese consenso.
Cuando ayer se organizó, se conformó el grupo de trabajo, lo hicimos con esa misma perspectiva y, ciertamente, quiero decirles, en ese grupo hubo –por parte de todos sus miembros- un espíritu de trabajo, un espíritu de búsqueda de acuerdos que es valorable, y que creo que está en la base del resultado finalmente alcanzado.
Lógicamente, éste no ha sido un proceso sencillo. En algún momento de la noche a varios les ganó el pesimismo, pero no todos se dieron por vencidos. Algunos continuamos afirmando que había posibilidades, finalmente, de acuerdo, de consenso; que éste iba a ser posible de lograr. Este éxito es el fin de un anacronismo, es pagar una deuda con la propia Organización y con el hemisferio, pero me parece que este éxito es parte de un renovado espíritu de diálogo y de la valorización del multilateralismo que hay en el hemisferio. Eso es lo que pudimos ver en Trinidad y Tobago y, ciertamente, en eso tiene un papel importante la nueva administración del Presidente (Barak) Obama.
En el hemisferio, esta nueva realidad nos permite valorar lo que siempre ha sostenido la Argentina: es en el espacio multilateral donde deben renovarse, respetarse y resolverse las diferencias. Y pensamos que esta valorización de lo multilateral y del diálogo es también una valorización de los principios que han guiado nuestra práctica y también a esta institución en cuanto a la no intervención, el respeto a la democracia, la vigencia plena de los derechos humanos y el desarrollo con inclusión social.
Muchas gracias, señora Presidenta