Señoras y Señores
Una vez más nos convoca la conmemoración del día en que se izó la bandera nacional en nuestra primera base antártica permanente - también la primera en el mundo- en 1904, dando continuidad así a la presencia argentina en la Antártida a través de los loberos de Buenos Aires, cuando promediaba la segunda década del S XIX.
Con orgullo, lejos de recordar un hecho aislado, imaginamos las circunstancias que rodearon aquel hito en que se inició la presencia permanente e ininterrumpida de nuestro país. Esta permanencia y constancia a lo largo de 105 años implica claramente la existencia de una política de Estado que nuestro gobierno está empeñado en honrar y consolidar.
Además de esta iniciativa pionera, nuestro país creó en 1951 el Instituto Antártico Argentino, primera institución científica especializada del mundo; desarrolló un sistema de bases, refugios y apoyo logístico acorde a sus posibilidades y mantiene desde siempre, en el campo diplomático, las acciones necesarias para respaldar, firme y pacíficamente, nuestro reclamo soberano sobre el sector antártico.
Sobre este último aspecto es digno de destacar que en el marco del Tratado Antártico firmado en 1959, la Argentina posee el estatus de signatario original y parte consultiva.
Este ritual al que convocamos todos los años con sincero compromiso, requiere una reafirmación de principios. Son principios compartidos con ustedes, pero es necesario repetirlos y difundirlos entre las nuevas generaciones, que quizás se sientan identificadas con ellos aún más que las generaciones anteriores.
Supongo que esto es así, porque a los principios fundamentales de defensa de nuestra soberanía e integridad territorial -afirmadas concretamente con la presencia de compatriotas a lo largo de más de un siglo- se suman otros aspectos con los que se pueden identificar diversos sectores de nuestra sociedad, como el cuidado del medio ambiente, la investigación científica y la promoción del turismo sustentable.
Muy vinculada a este último aspecto, pero también por obvias razones logísticas y, por supuesto, en razón de nuestro federalismo, la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, que participa del Programa Antártico Argentino, en tanto "puerta" de la Antártida.
Aquí no puedo dejar de mencionar el trabajo conjunto que llevamos adelante con el Ministerio de Defensa. Como ejemplo, quiero destacar el apoyo logístico que las Fuerzas Armadas prestan a la ciencia, tanto en el marco de las Campañas Antárticas como en el proyecto para la creación de una delegación en Tierra del Fuego de la Dirección Nacional del Antártico y del Instituto Antártico Argentino, que brindará servicios a las Campañas Antárticas argentinas, y también a terceros países que podrán obtener notables beneficios al operar desde la ciudad de Ushuaia, acortando la distancia hasta la Antártida de modo notable.
Cuando las distancias involucradas son de esta magnitud (recordemos los más de 5000 kilómetros que separan nuestra Base Belgrano de la ciudad de Buenos Aires), las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, con las que están familiarizados especialmente los jóvenes, permiten al ciudadano que vive en el continente acercarse a nuestra Antártida –aunque sea virtualmente– e informarse cada vez más con un abundante material disponible.
Ni qué decir lo que significan estas tecnologías para quienes están allá durante meses. Las llamadas a sus familias, antes excepcionales y onerosas, hoy se vuelven cada vez más habituales, haciendo más llevadera la distancia de los afectos. El acceso a Internet mediante banda ancha desde las bases colabora en el mismo sentido.
También se han vuelto más frecuentes las filmaciones profesionales para la realización de documentales de divulgación científica que tienen un alcance masivo.
Es en este marco que la Argentina debe mantener su papel de país con una trayectoria y participación central en la actividad antártica, ya que cuenta con recursos logísticos, científicos y artísticos, que resultan funcionales entre sí.
Respecto de las actividades científicas, si bien es clara su importancia, es necesario encuadrarlas en la concepción que el gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner le otorga a la promoción de la Ciencia y la Tecnología como política de Estado.
Esto implica, no sólo alcanzar los objetivos planteados sino, mejorar las condiciones en que esos objetivos han de lograrse, por ejemplo, con la incorporación a la planta permanente de la Dirección Nacional del Antártico –a través de concursos– del personal científico y especializado que por décadas se encontró en una situación vulnerable, y por cierto inconveniente, desde el punto de vista de su relación laboral.
Llegamos así al año 2009, ampliando en 70 cargos la planta de contratos para realizar tareas en la Antártida, consolidando de esta manera un excelente nivel de personal para las próximas campañas antárticas. Este incremento de contratos para científicos, técnicos y personal no jerárquico, en su mayoría jóvenes, compone una masa crítica de recursos humanos que pueden iniciar su carrera antártica.
Otro aspecto que identifica la gestión antártica con nuestro tiempo, es la participación cada vez mayor de mujeres cumpliendo funciones científicas y de apoyo, en el que hasta hace poco era territorio masculino. Esta circunstancia es natural al aumento de la presencia femenina en las Fuerzas Armadas y a la ya más arraigada en el sector científico y académico.
Sobre los proyectos de investigación científica, con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, pudimos optimizar las convocatorias. Esto permitirá asegurar la continuidad de los trabajos de investigación, con una evaluación propia y otra hecha por evaluadores externos. Este método jerarquiza las investigaciones pero a la vez, confiere la máxima transparencia al otorgamiento de subsidios. De esta forma además, se incrementa la producción nacional de trabajos publicados y su calidad científica.
De esta manera nos preparamos para el año del Bicentenario en que la Argentina será sede del máximo encuentro sobre la ciencia antártica, la reunión del SCAR (Comité de Investigaciones Antárticas). Se espera la participación de más de mil científicos de todas partes del mundo. También se realizará en el año 2010 la reunión del Consejo de Administradores de Programas Antárticos Nacionales y en el año 2011 la Reunión Consultiva del Tratado Antártico, que es el foro más importante en la regulación del Sistema del Tratado Antártico. Es en este foro en donde se analizan las políticas globales que se implementarán en la Antártida.
Estos ámbitos son propicios para mostrar el protagonismo de nuestro país en el marco de la política nacional antártica. Nuestra estrategia es contar con funcionarios fogueados en el terreno y referentes en la materia dentro de la comunidad científica.
En lo que hace a la infraestructura en la Antártida, hoy la Argentina es el país que posee el mayor número de bases permanentes y temporarias y refugios, en el mundo.
Sobre este tema, quiero anunciarles que, cumpliendo los tiempos previstos, estamos finalizando la reconstrucción completa de la que sentimos como la oficina más austral de la Cancillería: la Base Jubany. Ya está listo el edificio nuevo del laboratorio, y se está avanzando a buen ritmo en la construcción de la casa, que terminará este mismo verano.
Para este caso y para todos en general, estamos obligados a revisar el gasto que tiene cada base, tomando al control de gestión como herramienta básica de la política, y a tener en cuenta también el impacto ambiental que cada proyecto causa en la Antártida. Una clara decisión política y una cuidadosa gestión nos están permitiendo cumplir con los mejores estándares en la materia, incluyendo auditorías ambientales externas en las bases según los lineamientos provistos por el Sistema del Tratado Antártico.
He querido ponerlos al tanto sucintamente sobre las actividades que estamos llevando adelante en nuestro todavía para muchos misterioso sur. Como les dije al inicio, la cuestión antártica encarna varios de los principios de política exterior que sostiene la Argentina. Nuestro objetivo desde la Cancillería, es contribuir cada vez más en la jerarquización de una política pública que involucra distintos campos del quehacer del Estado y que anuncia una proximidad cada vez mayor a la sensibilidad y conocimiento de los argentinos.
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